viernes, 26 de octubre de 2012

MENSAJE FINAL DEL SÍNODO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN



Reproducimos a continuación el número 7 del Mensaje final al Pueblo de Dios del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelizción, hecho público en el día de hoy:




...7. Evangelización, familia y vida consagrada

Desde la primera evangelización la transmisión de la fe, en el transcurso de las generaciones, ha encontrado un lugar natural en la familia. En ella – con un rol muy significativo desarrollado por las mujeres, sin que con esto queramos disminuir la figura paterna y su responsabilidad – los signos de la fe, la comunicación de las primeras verdades, la educación en la oración, el testimonio de los frutos del amor, han sido infundidos en la vida de los niños y adolescentes en el contexto del cuidado que toda familia reserva al crecimiento de sus pequeños. A pesar de la diversidad de las situaciones geográficas, culturales y sociales, todos los obispos del Sínodo han confirmado este papel esencial de la familia en la transmisión de la fe. No se puede pensar en una nueva evangelización sin sentirnos responsables del anuncio del Evangelio a las familias y sin ayudarles en la tarea educativa.

No escondemos el hecho de que hoy la familia, que se constituye con el matrimonio de un hombre y una mujer que los hace “una sola carne” (Mt 19,6) abierta a la vida, está atravesada por todas partes por factores de crisis, rodeada de modelos de vida que la penalizan, olvidada de las políticas de la sociedad, de la cual es célula fundamental, no siempre respetada en sus ritmos ni sostenida en sus esfuerzos por las propias comunidades eclesiales. Precisamente por esto, nos vemos impulsados a afirmar que tenemos que desarrollar un especial cuidado por la familia y por su misión en la sociedad y en la Iglesia, creando itinerarios específicos de acompañamiento antes y después del matrimonio.en las formas más penosas de atey son un signo de esta fuente de vida plena para los hombres en la sociedad. Las muchas y siempr Queremos expresar nuestra gratitud a tantos esposos y familias cristianas que con su testimonio continúan mostrando al mundo una experiencia de comunión y de servicio que es semilla de una sociedad más fraterna y pacífica.

Nuestra reflexión se ha dirigido también a las situaciones familiares y de convivencia en las que no se muestra la imagen de unidad y de amor para toda la vida que el Señor nos ha enseñado. Hay parejas que conviven sin el vínculo sacramental del matrimonio; se extienden situaciones familiares irregulares construidas sobre el fracaso de matrimonios anteriores: acontecimientos dolorosos que repercuten incluso sobre la educación en la fe de los hijos. A todos ellos les queremos decir que el amor de Dios no abandona a nadie, que la Iglesia los ama y es una casa acogedora con todos, que siguen siendo miembros de la Iglesia, aunque no pueden recibir la absolución sacramental ni la Eucaristía. Que las comunidades católicas estén abiertas a acompañar a cuantos viven estas situaciones y favorezcan caminos de conversión y de reconciliación.

La vida familiar es el primer lugar en el cual el Evangelio se encuentra con la vida ordinaria y muestra su capacidad de transformar las condiciones fundamentales de la existencia en el horizonte del amor. Pero no menos importante es, para el testimonio de la Iglesia, mostrar como esta vida en el tiempo se abre a una plenitud que va más allá de la historia de los hombres y que conduce a la comunión eterna con Dios. Jesús no se presenta a la mujer samaritana simplemente como aquel que da la vida sino como el que da la “vida eterna” (Jn 4, 14). El don de Dios que la fe hace presente, no es simplemente la promesa de unas mejores condiciones de vida en este mundo, sino el anuncio de que el sentido último de nuestra vida va más allá de este mundo y se encuentra en aquella comunión plena con Dios que esperamos en el final de los tiempos.
De este sentido de la vida humana más allá de lo terrenal son particulares testigos en la Iglesia y en el mundo cuantos el Señor ha llamado a la vida consagrada, una vida que, precisamente porque está dedicada totalmente a él, en el ejercicio de la pobreza, la castidad y la obediencia, es el signo de un mundo futuro que relativiza cualquier bien de este mundo. Que de la Asamblea del Sínodo de los Obispos llegue a estos hermanos y hermanas nuestros la gratitud por su fidelidad a la llamada del Señor y por la contribución que han hecho y hacen a la misión de la Iglesia, la exhortación a la esperanza en situaciones nada fáciles para ellos en estos tiempos de cambio y la invitación a reafirmarse como testigos y promotores de nueva evangelización en los varios ámbitos de la vida en que los carismas de cada instituto los sitúa.

Para leer el contenido íntegro del MENSAJE en 

Vida Nueva

Revista Ecclesia  

lunes, 15 de octubre de 2012

INICIO DE CURSO DE LA ESCUELA DE PADRES DE PLASENCIA



Está muy próximo el inicio de la Escuela de Padres de Plasencia, que viene funcionando desde hace algunos  años con notable éxito de participación de padres.

                                                                               

Para el presente curso, el equipo coordinador ha diseñado un atractivo programa que incluye dos ciclos. Para el primero de ellos, compuesto de 4 sesiones, se cuenta con la presencia de la experta BEGOÑA PEREDA RUIZ, que acumula una dilatada experiencia en la impartición de formación afectivo-sexual, y que pertenece  a la FUNDACIÓN DESARROLLO Y PERSONA.

De todos es conocida la deficiente  y en no pocas  ocasiones deformada formación afectivo-sexual que tienen o reciben nuestros niños y jóvenes. Esta es una buena oportunidad de acercarse de forma veraz y fundada a esta importante dimensión de la persona.

El segundo ciclo se compone de tres sesiones impartidas por tres profesionales distintos, y está programado en colaboración con la Editorial SM.

Recomendamos  seriamente la asistencia a estos ciclos formativos, tan esenciales  para una labor educadora de calidad en la sociedad actual. 

La primera sesión tendrá lugar el próximo Jueves, 18 de octubre, de 18 a 19,30 horas, en el salón del Colegio Madre Matilde. 

                                                                         PROGRAMA

lunes, 8 de octubre de 2012

APERTURA DEL SINODO DE LOS OBISPOS




Ha iniciado su camino la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos La Eucaristía que el domingo de ayer 7 de octubre presidió el papa Benedicto XVI abrió la Asamblea sinodal, que hasta el 28 de octubre reflexionará sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. En esta tarea tiene protagonismo el matrimonio, pues, como ha recordado el Papa en su homilía,  está llamado a ser no sólo objeto, sino sujeto de la nueva evangelización. 

A continuación, destacamos algunos párrafos de esta homilía y ofrecemos enlace para su lectura completa:
…La evangelización, en todo tiempo y lugar, tiene siempre como punto central y último a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. Mc 1,1); y el crucifijo es por excelencia el signo distintivo de quien anuncia el Evangelio: signo de amor y de paz, llamada a la conversión y a la reconciliación. Que nosotros venerados hermanos seamos los primeros en tener la mirada del corazón puesta en él, dejándonos purificar por su gracia.
 
…La Iglesia existe para evangelizar. Fieles al mandato del Señor Jesucristo, sus discípulos fueron por el mundo entero para anunciar la Buena Noticia, fundando por todas partes las comunidades cristianas…También en nuestro tiempo el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia un nuevo impulso para anunciar la Buena Noticia, un dinamismo espiritual y pastoral que ha encontrado su expresión más universal y su impulso más autorizado en el Concilio Ecuménico Vaticano II. Este renovado dinamismo de evangelización produce un influjo beneficioso sobre las dos «ramas» especificas que se desarrollan a partir de ella, es decir, por una parte, la missio ad gentes, esto es el anuncio del Evangelio a aquellos que aun no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvación; y, por otra parte, la nueva evangelización, orientada principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana.

…El tema del matrimonio, que nos propone el Evangelio y la primera lectura, merece en este sentido una atención especial. El mensaje de la Palabra de Dios se puede resumir en la expresión que se encuentra en el libro del Génesis y que el mismo Jesús retoma: «Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Gn 1,24, Mc 10,7-8). ¿Qué nos dice hoy esta palabra? Pienso que nos invita a ser más conscientes de una realidad ya conocida pero tal vez no del todo valorizada: que el matrimonio constituye en sí mismo un evangelio, una Buena Noticia para el mundo actual, en particular para el mundo secularizado. La unión del hombre y la mujer, su ser «una sola carne» en la caridad, en el amor fecundo e indisoluble, es un signo que habla de Dios con fuerza, con una elocuencia que en nuestros días llega a ser mayor, porque, lamentablemente y por varias causas, el matrimonio, precisamente en las regiones de antigua evangelización, atraviesa una profunda crisis. Y no es casual.

…Y, como la Iglesia afirma y testimonia desde hace tiempo, el matrimonio está llamado a ser no sólo objeto, sino sujeto de la nueva evangelización. Esto se realiza ya en muchas experiencias, vinculadas a comunidades y movimientos, pero se está realizando cada vez más también en el tejido de las diócesis y de las parroquias, como ha demostrado el reciente Encuentro Mundial de las Familias.

…No se puede hablar de la nueva evangelización sin una disposición sincera de conversión. Dejarse reconciliar con Dios y con el prójimo (cf. 2 Cor 5,20) es la vía maestra de la nueva evangelización. Unicamente purificados, los cristianos podrán encontrar el legítimo orgullo de su dignidad de hijos de Dios, creados a su imagen y redimidos con la sangre preciosa de Jesucristo, y experimentar su alegría para compartirla con todos, con los de cerca y los de lejos.

Homilía completa (Web del Vaticano)

viernes, 13 de julio de 2012

LA VERDAD DEL AMOR HUMANO ... Capítulo III (2)


 


Cuanto se lleva expuesto en los capítulos precedentes, expresa  que el amor conyugal es “una participación singular en el misterio de la vida y del amor de Dios mismo” (n. 39). Pero no es esa sola su grandeza: está llamado a ser también “imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús”, como dice Juan Pablo II en el n. 19 de Familiaris Consortio.  



Por el sacramento del matrimonio, “… el amor conyugal auténtico es asumido por el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia...” (n. 40). Por eso,  “al insertar el vínculo matrimonial en la comunión de amor de Cristo y de la Iglesia, el amor de los esposos –el amor matrimonial- está dirigido a ser imagen  y representación real del amor redentor del Señor. Jesús se sirve del amor de los esposos para amar y dar a conocer cómo es el amor con que ama a su Iglesia. El amor matrimonial es- y debe ser-  un reflejo del amor de Cristo a su Iglesia” (n. 41). Como dice San Pablo “se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5,25-26). Entregarse es convertirse en don sincero, amando hasta el extremo.  Ese es el amor que los esposos deben vivir y reflejar. Y es este número del documento uno de los esenciales, que hemos querido transcribir en casi su totalidad.

Por el sacramento del matrimonio, el amor humano no pierde sus características, sino que experimenta una verdadera transformación. Y no es circunstancial, o puntual, “es tan permanente y exclusiva –mientras los esposos vivan- como lo es  la unión de Cristo con la Iglesia” (n. 43). Cristo permanece fiel con los esposos y su amor ha de ser la referencia constante del amor matrimonial.  Por eso, el amor de los esposos es capaz de superar tantas dificultades, y por eso mismo debe crecer cada día. Sólo el auxilio de Dios les hará capaces de vencer la tentación  de repliegue sobre sí mismos y “abrirse” al otro mediante la entrega sincera –en la verdad- de sí mismos.

LA VERDAD DEL AMOR HUMANO ... Capítulo III (1)


El tercer capítulo del documento de los obispos españoles sobre el amor humano que estamos considerando poco a poco en este blog, está titulado “EL AMOR CONYUGAL: COMO CRISTO AMÓ A LA IGLESIA (Ef.5,25)”. Se desarrolla también en dos  subcapítulos. El primero: a) Una sola carne (Gén. 2,24),  incluye a su vez el desarrollo de los siguientes apartados:  Una comunidad de vida y amor; Características del amor conyugal; Para siempre; y, la oscuridad del pecado. El segundo, b) Como Cristo amó a su Iglesia (Ef. 5,25).

Antes de explicitar la naturaleza y características del amor conyugal, se retoma la idea básica ya expresada anteriormente de que el mismo Dios se ha servido del amor esponsal para revelar su  amor hacia su pueblo elegido. De tal forma que “es arquetipo, es decir, viene a señalar las características que definen la verdad del amor humano, en las diversas manifestaciones en que este se puede y debe manifestar” (n. 24).

El amor conyugal es un amor comprometido.  La alianza entre hombre y mujer origina un vínculo no solamente visible, sino también moral, social y jurídico, que requiere de ambos la “voluntad de compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son”. Pues la unidad de la carme hace referencia a la totalidad de la feminidad y la masculinidad: cuerpo, carácter, corazón, inteligencia, voluntad, alma.

                                                                                             
La lógica de la entrega mutua hombre y mujer lleva a que el matrimonio esté llamado, por su propio dinamismo, a ser una comunidad de vida y amor. De tal foma que, “sólo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así  como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial” (n. 28).

El amor conyugal tiene,  según el Vaticano II y la encíclica Humanae Vitae,  varias características o notas distintivas:  es plenamente humano, total, fiel y exclusivo, y fecundo. Es plenamente humano y total: es un amor que va de persona a persona, “es un amor de entrega en el que sin dejar de ser erótico, el deseo se dirige a la formación de una comunión de personas” (n.29).  Es un amor fiel y exclusivo: “la totalidad incluye en sí misma y exige la fidelidad –para siempre-, y esta, a su vez, la exclusividad” (n. 30); por un lado, donación recíproca sin reservas, y por el otro, sin intromisión de terceras personas.                        

 Es un amor fecundo, abierto a la vida: la sexualidad afecta al núcleo íntimo de las personas, e incluye como una dimensión inmanente la orientación a la procreación; “la apertura a la fecundidad es una exigencia interior de la verdad del amor matrimonial y un criterio de su autenticidad” (n. 31). Estas características, inseparables entre sí,  están insertas íntimamente en la verdad del amor conyugal.
La unión del hombre y la mujer designa el compromiso de formar una intimidad común exclusiva y permanente. Se produce una integración específica entre la inclinación sexual, el despertar de los afectos y el don de sí. Es una unión personal, formada en la entrega de la libertad, cuya exigencia de dignidad reclama permanencia para siempre.

Ahora bien, la oscuridad del pecado puede oscurecer la verdad del amor humano, la llamada a la comunión. Esa oscuridad lleva a una visión reductiva  y fragmentaria de la sexualidad, tan extendida, en que se desconoce el valor y sentido de la sexualidad por la complementariedad y crecimiento personal en la construcción de una vida compartida. Por eso,  los obispos “convencidos de la belleza de esta verdad, que une la dignidad humana con la vocación al amor, insistimos de nuevo en la importancia que tiene la rectitud en el ámbito de la sexualidad, tanto para las personas como para la sociedad entera” (n. 38).