domingo, 31 de enero de 2010
VI SEMANA DE LA FAMILIA
jueves, 17 de diciembre de 2009
JORNADA DE LA FAMILIA
La familia, nacida del proyecto de amor del Padre a la humanidad, desarrolla una misión tan valiosa que es siempre buena noticia para el mundo. Dentro de la variedad de aspectos y tareas que integra su ser “comunidad de vida y amor”, este año nos fijamos en su labor educadora, bajo el lema de “Crecer en familia. Los padres: primeros maestros y testigos de la fe”.
En un tiempo como el actual, de graves dificultades y problemas en la educación que diversas instancias ponen de manifiesto, es preciso afirmar y defender la labor educativa de las familias. La familia educa en modo propio y con una eficacia tal que la convierte en escuela primaria e insustituible de humanidad y de vida cristiana. Educa en un clima de amor y de confianza, con el ejemplo y el testimonio, con la experiencia vivida y el ejercicio cotidianos. Los padres necesitan cercanía, aliento y ayuda en esta difícil misión, lo que debemos procurar ofrecerles en nuestras parroquias.
En la página web de la Conferencia Episcopal Española están los materiales para preparar la Jornada:
Nota de los Obispos
Cartel
Subsidio litúrgico para la Eucaristía
Tríptico para orar en familia
Oración por la familia
lunes, 7 de diciembre de 2009
Familia, primera educadora (3)
Después de repasar el difícil contexto cultural y social actual y la crisis de identidad, procreadora y educativa de la familia, se refiere a la familia en su identidad de “comunidad de vida y amor”, según expresión de Juan Pablo II. Dice que “la familia actúa en sí misma y pone en la sociedad la lógica del amor, que es deseo y don al mismo tiempo, una lógica muy diferente de la lógica utilitarista del mercado… En la familia las personas son amadas por sí mismas”. En la familia “se concilian libertad y solidaridad, el bien de cada uno y el bien común”.
“La dinámica del amor va más allá de la generación de los hijos y se prolonga en su educación. La familia educa en modo propio y con una eficacia tal que la convierte en escuela primaria e insustituible de humanidad y de vida cristiana. Educa en un clima de amor y de confianza, con el ejemplo y el testimonio, con la experiencia vivida y el ejercicio cotidiano. Por ello los valores y las normas éticas, el evangelio y la fe cristiana no se quedan en enseñanzas teóricas; no son padecidas como imposiciones desde el exterior; sino que se interiorizan y asimilan como exigencias de vida y de crecimiento auténtico”

Recomendamos la lectura completa de esta intervención del Cardenal en la Universidad Pontificia de Salamanca en una Jornada sobre la Instrucción Dignitas personae. Más adelante volveremos sobre alguna otra cuestión importante que recoge. Como dice al final de su conferencia, “el futuro de la Iglesia y de la sociedad pasa por la familia”.
sábado, 5 de diciembre de 2009
EL CRUCIFIJO, EN NUESTRA IDENTIDAD
Pero no obsta para manifestar nuestro lamento y dolor por una propuesta que evidencia una forma de entender el ejercicio del poder que, en lugar de la fidelidad a su razón de ser, el servicio de los ciudadanos, decide situarse “a la contra”. Y así, en vez de atender y permitir que la sociedad civil crezca y se desarrolle en la forma en que mejor entienda la existencia, se dedica a ponerle trabas según le dicta su falseada y anacrónica concepción de la libertad y la igualdad. Es precisamente esa libertad de los ciudadanos la que parece quererse acorralar.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Familia, primera educadora (2)
Uno de ellos es una Carta a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, de 21 de enero de 2008. Conviene, y recomendamos, su atenta lectura. El Santo Padre parte de las dificultades para la formación de las nuevas generaciones, constata una auténtica emergencia educativa y, en concreto, un aumento de la exigencia de una educación que sea verdaderamente tal. La solicitan los padres, los profesores, la sociedad en conjunto y los mismos niños y jóvenes.
Queríamos subrayar algunas ideas. En primer lugar, la trascendencia y primacía de la labor educativa de la familia. Esa educación auténtica necesita “la cercanía y la confianza que nacen del amor: pienso en la primera y fundamental experiencia de amor que hacen los niños —o que, por lo menos, deberían hacer— con sus padres”. Indica también que la educación “es fruto de experiencia y competencia, pero se adquiere sobre todo con la coherencia de la propia vida y con la implicación personal, expresión del amor verdadero”.
La educación es una tarea compartida. Se refiere a la responsabilidad educativa del que educa y del educado. Esa responsabilidad es “en primer lugar, personal; pero hay también una responsabilidad que compartimos juntos, como ciudadanos de una misma ciudad y de una misma nación, como miembros de la familia humana y, si somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros de la Iglesia. De hecho, las ideas, los estilos de vida, las leyes, las orientaciones globales de la sociedad en que vivimos, y la imagen que da de sí misma a través de los medios de comunicación, ejercen gran influencia en la formación de las nuevas generaciones para el bien, pero a menudo también para el mal”.
Termina la carta haciendo una llamada a la esperanza, esperanza que se dirige a Dios, pero que no es solamente una esperanza para nosotros, sino siempre una esperanza para los demás.Proseguiremos más adelante estas reflexiones, para desde ellas volver la mirada a la realidad de nuestra sociedad. En esta búsqueda puede seguirse un debate interesante (y algunos videos) sobre estas cuestiones.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Familia, primera educadora (1)

“Puesto que los padres han dado vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole” dice el Vaticano II, en el número 3 de Gravissimum educationis. Luego Juan Pablo II, en Familiaris Consortio, número 36, dice que “el derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no puede ser totalmente delegado por otros”. Recapitulemos: es un derecho-deber esencial, original y primario, insustituible e inalienable.
Esto lo dice la Iglesia. Pero, acudamos a la Declaración Universal de Derechos Humanos, para comprobar lo que indica en su artículo 26: que “Toda persona tiene derecho a la educación”; que “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales”; y finaliza afirmando que “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Es decir, es un derecho a escoger la educación que quieren para sus hijos, y es un derecho preferente. Por su parte la Constitución Española, que según ella misma expresa debe interpretar los derechos y libertades que establece según esa Declaración Universal y los tratados y acuerdos internacionales, recoge en el artículo 27 la libertad de enseñanza y “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
El tema está solamente iniciado. No somos expertos en él, pero con la ayuda del magisterio de la Iglesia hemos de intentar situarnos responsable y activamente defendiendo lo que es nuestro, y que no debemos a nadie más que a Dios. Ahí están los problemas de bastantes padres para elegir el colegio que quieren para sus hijos, o las pretensiones que demuestra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, o el acoso a la asignatura de religión… Son nuestros hijos y, aunque los padres no somos los únicos educadores, nadie puede quitarnos nuestro deber-derecho a educarlos, ejerciendo así nuestra paternidad en integridad.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
LA FAMILIA, EVANGELIZADORA
En Jesucristo se ha manifestado y hemos conocido el proyecto de amor que el Padre ha concebido para el hombre desde toda la eternidad. Dios, que es amor, que es comunión de las tres divinas personas, tiene convocado al hombre y la mujer a participar de su mismo ser en comunión y a llevar a la gran familia de la humanidad a constituirse en su Reino.
En este proyecto de amor, el matrimonio y la familia juegan un papel trascendental. Es en la complementariedad de hombre y mujer, en su plena realidad de tales, como se manifiesta esa universal vocación al amor y a la comunión. Por eso, la familia es también evangelio, buena noticia para la humanidad.
La Iglesia siempre ha considerado entre sus prioridades el atender a la evangelización de la familia. Es el modo normal en el que el hombre realiza su proyecto vital, y es en familia como la Iglesia se encuentra al hombre. Eso es la pastoral familiar. Trata de llevar a las familias la “vida en abundancia” que se nos regala en el Señor Jesús.

Pero no sólo es eso. Aunque sea una preocupación pastoral más bien reciente, la Iglesia es consciente de que la familia es también evangelizadora. Por su participación en la vida y misión de toda la Iglesia, las familias deben constituirse en testigos de Jesucristo, en anuncio de la Buena Nueva. Y eso lo consigue siendo lo que es, comunidad de vida y amor, y actuando como tal, mediante su misma vida de familia. Es decir, que la familia no sólo es objeto sino también sujeto de la evangelización. Es Cristo mismo en definitiva quien se da a conocer por medio de las familias que viven y muestran en sí mismas el amor de Dios.
De este modo, necesariamente tan sintético, queríamos ofrecer el eje o el fundamento de lo que pretende este espacio. Ojalá, cada vez más, la familia se haga consciente y responsable de la importante misión que tiene en la Iglesia y del amplio campo que se le abre para desarrollarla: su propia casa, la parroquia, el ambiente social, el colegio…

