jueves, 31 de diciembre de 2009

Jornada de la Familia

Si hay una fecha importante para celebrar y reflexionar sobre la realidad de la familia, esa es sin duda la festividad de la Sagrada Familia , también dedicada a la Jornada de la Familia y la Vida. Conscientes de su trascendencia, nuestros pastores suelen aprovechar esta jornada para dedicar su carta pastoral por Navidad a proponer y proclamar el evangelio permanente de la familia. Así lo ha hecho nuestro obispo Don Amadeo, que en su carta ”Familia, quiérete a ti misma”, concluye con el siguiente párrafo:



…”Querida familia, aunque algunos no te quieren, quiérete a ti misma; sé lo que eres. Ya sabes que la Iglesia católica te quiere y te valora mucho; te quiere por lo que eres y por lo que haces. Y es precisamente porque los católicos te queremos, por lo que he escrito sobre ti una vez más; del mismo modo que escriben otros obispos. En esta ocasión lo he hecho para recordar las razones fundamentales por las que hay que valorarte. Como has podido leer, no he usado argumentos de carácter religioso, porque deseo que todos comprendan, con independencia del credo que profesen, que eres una institución natural y que tienes un servicio muy importante en la sociedad. Pero no te oculto que, al escribir, os he tenido en el pensamiento y el corazón a todas las familias cristianas de esta querida diócesis de Plasencia, y que es desde vosotros, desde vuestro
testimonio, desde donde he querido animar a todas las familias, que lleguen a leerme, a que se quieran a sí mismas, a que se defiendan y a que se muestren en sus valores, aunque se lo pongan muy difícil. Feliz Navidad a todos”.


Nos parece oportuno traer a este espacio varios enlaces hacia las cartas pastorales de algunos obispos de otras diócesis, para contribuir en nuestra pequeña medida a la continua proclamación del evangelio de la familia y la vida.

Carta de Mons. Josep Angel Saiz Meneses – Obispo de Terrassa
Carta de Mons. Francisco Gil Hellín – Arzobispo de Burgos
Carta de Mons. Juan José Asenjo Pelegrina – Administrador apostólico de Córdoba
Carta de Mons. Adolfo González Montes – Obispo de Almería
Carta de Mons. Vicente Jiménez Zamora - Obispo de Santander
Carta de Mon. José Sánchez González – Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Para leer cartas de fechas anteriores, en la página de la CEE pueden encontrarse sobre "Familia y Vida" y otros temas.

lunes, 28 de diciembre de 2009

JORNADA DE LA FAMILIA

Sin duda constituye todo un éxito de organización, asistencia y testimonio la celebración de la Eucaristía de la Sagrada Familia en la plaza de Lima de Madrid. Pero esta jornada se celebra también con intensidad y preparación por todas las diócesis de España, en sus parroquias y arciprestazgos.

Así ha sucedido en las parroquias de nuestra diócesis. En el arciprestazgo de Plasencia, la Eucaristía tuvo lugar en la parroquia de San Esteban y fue preparada por el Equipo de Pastoral Familiar del Arciprestazgo. Presidió la celebración D. Victoriano Ruiz Sánchez-Porro, vicario parroquial de San Esteban y consiliario de ese equipo y concelebró el  párroco D. Valerio Galayo López. Hubo participación de familias completas, y los cantos los animaron el coro parroquial y el coro de los Equipos de Nuestra Señora.A continuación, transcribimos las notas para la homilía pronunciada por D. Victoriano.

EN LA LIBERTAD Y EN LA VOCACIÓN AL AMOR

Hijo ¿Por qué nos has tratado así? (...)¿No sabíais que tenía que estar en la casa de mi Padre”? El cuadro del evangelio nos trae la imagen de la Sagrada Familia: Jesús, hijo único de Dios, concebido por el Espíritu Santo, nace hijo de María y es recibido paternalmente por José a quien se le confía los cuidados y responsabilidad de la paternidad humana.



En la Sagrada Familia vemos el ejemplo del crecimiento de Jesús en huma-nidad y en la experiencia humana de la religiosidad. Jesús vuelve con José y María a Nazaret, estaba bajo su autoridad e iba creciendo ante Dios y ante los hombres.

Confiado a la responsabilidad de sus padres y, guiado por su autoridad, Jesús iba creciendo entre la obediencia y la progresiva autonomía hasta la adulta libertad y entrega al amor. En los rasgos humanos de Jesús, tan vivamente adornados de bondad y de virtud,  se ponen de manifiesto el ejercicio de libertad por parte de Jesús configurando su carácter y el ejemplo y cuidado de sus padres para dejar en El la semilla necesaria con la que luego pudiera vivir su misión de Buena Noticia de Amor de Dios a los hombres.

Así también la familia cristiana está llamada al cuidado de la educación de sus hijos. En ella reciben los hijos la educación humana en que descubran la autonomía de una libertad que se orienta al bien y de una vida orientada por la vocación al amor. Es misión de la familia cristiana iniciar en la experiencia fundamental del ser amados. Y a partir de esa experiencia ir guiando progresivamente para que cada uno descubra su personal camino hacia el bien y el amor y adquieran las virtudes que formen su carácter e inclinen permanentemente su libertad a la bondad.

Es igualmente misión de la familia cristiana y tarea insustituible de los padres la educación en la fe. Son ellos los primeros transmisores de la fe, son los custodios del crecimiento de la vida recibida en el bautismo. Con el ejemplo, con la oración, con la palabra oportuna y la reflexión en los acontecimientos de la vida, con la participación en los sacramentos, con la colaboración activa en la formación religiosa de las parroquias y colegios.

Que la Sagrada Familia guíe a las familias cristianas. Que los padres no renuncien a su derecho y deber de educadores cuando cualquier otra instancia social quiera suplantarlos en esta misión. Que reciban de la sociedad, de la Iglesia toda la ayuda que necesiten. Que puedan alegrarse de que, como Jesús, los hijos crecen en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres.

POR LA FAMILIA CRISTIANA

«¡El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas familias cristianas!», fue una de las frases de la homilía que el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela dirigió a los asistentes  a la multitudinaria Eucaristía que se celebró en la Jornada de la Familia, festividad de la Sagrada Familia, en la plaza de Lima de Madrid.

Información completa de este acontecimiento puede encontrarse en la web Por la familia cristiana

A continuación,  transcribimos el mensaje que envió  el Papa Benedicto XVI:

"Saludo cordialmente a los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de Nazaret.
¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios, habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor. De ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad. En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser miembros de la misma familia.

Pido a Dios que en vuestros hogares se respire siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto mutuo.

Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María Santísima, Reina de las Familias, y en la poderosa protección de San José, su esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más necesitados o que se encuentran en dificultad.
Os bendigo a todos de corazón.

martes, 22 de diciembre de 2009

FELIZ NAVIDAD


Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada...

El ángel les dijo:

...No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

jueves, 17 de diciembre de 2009

JORNADA DE LA FAMILIA


Próxima la Navidad, la celebración gozosa del nacimiento del Hijo de Dios, que trae salvación, sentido y plenitud a la existencia, la liturgia fija nuestra mirada en el portal del Belén, en el hogar santo que acogió en su seno y nos ofreció al Salvador. El domingo 27 de diciembre, festividad de la Sagrada Familia, la Iglesia en España celebra también la Jornada de la Familia.


La familia, nacida del proyecto de amor del Padre a la humanidad, desarrolla una misión tan valiosa que es siempre buena noticia para el mundo. Dentro de la variedad de aspectos y tareas que integra su ser “comunidad de vida y amor”, este año nos fijamos en su labor educadora, bajo el lema de “Crecer en familia. Los padres: primeros maestros y testigos de la fe”.

En un tiempo como el actual, de graves dificultades y problemas en la educación que diversas instancias ponen de manifiesto, es preciso afirmar y defender la labor educativa de las familias. La familia educa en modo propio y con una eficacia tal que la convierte en escuela primaria e insustituible de humanidad y de vida cristiana. Educa en un clima de amor y de confianza, con el ejemplo y el testimonio, con la experiencia vivida y el ejercicio cotidianos. Los padres necesitan cercanía, aliento y ayuda en esta difícil misión, lo que debemos procurar ofrecerles en nuestras parroquias.
 En la página web de la Conferencia Episcopal Española están los materiales para preparar la Jornada:  

 Nota de los Obispos 
 Cartel  
 Subsidio litúrgico para la Eucaristía
Tríptico para orar en familia 
Oración por la familia

domingo, 13 de diciembre de 2009

SÍ, QUIERO

La expresión “sí, quiero” la asociamos inmediatamente al momento del consentimiento matrimonial. Pero hay antes mucha historia de salvación, que lo hace posible. Nuestra vida cristiana procede también de un “Sí”. Pero de uno que precede a nuestra respuesta al Dios que nos ha llamado a participar de su vida y ser felices. Es el “Sí, quiero” original del Padre Creador.

“Sí, quiero” de Dios

Todas las cosas provienen de la voluntad creadora de Dios. El Padre pronunció el “hágase” primigenio y surgió todo, que era “muy bueno”. Antes, nos cuenta el Génesis, el mundo era un caos. Y en la cumbre de la creación puso al hombre y la mujer, creados a su imagen y semejanza, para vivir en comunión con Él. Pero se interpuso el rechazo de la humanidad.

“Sí, quiero” de Jesucristo

Pronto vamos a celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Con Él nos ha llegado el corazón del Padre, en Él hemos conocido el amor por el que nos creó y al que nos destinó. Toda su vida fue un sí a la voluntad del Padre, hasta el momento culminante de entregarse en la Cruz. Por eso, Dios lo resucitó de entre los muertos y le otorgó la gloria, la “alegría” definitiva. En la carta a los Hebreos leemos: “Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”.

“Sí, quiero” de María

La Encarnación del Hijo de Dios se hizo posible porque María pronunció su sí: “Aquí está la esclava de del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. Desde que sabe que ha engendrado un hijo, estuvo totalmente al servicio de esta misión. “Alégrate…”, le dijo el Ángel, y ella, desde su posición de “esclava del Señor”, pronunció su “sí, quiero”.

“Sí, quiero” de los cristianos

El ser cristiano procede de una vocación primera. Dios nos ha amado (cfr. 1 Jn 4, 9-10) y nos ha llamado a ser sus hijos. “El nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo…” (Ef. 1, 4). Toda vocación en la vida cristiana pide el mismo sí, la disposición pronta y plena a poner la propia vida al servicio del Reino de Dios. Primero recibimos el “Alégrate…” igual que María. Luego viene nuestra respuesta.

“Sí, quiero” de los esposos

En el Sacramento del matrimonio los esposos, llamados a formar la comunión querida por Dios desde el principio, se dan el “sí, quiero”. Pero no sólo entre sí. En el sacramento, se lo dan a Dios, a Jesucristo que los incorpora a su mismo “sí”, a su ofrenda eterna al Padre. Por eso, su amor queda santificado y fecundado para siempre. Este “sí”, recibe además la misión de mostrar al mundo el “sí, quiero”, “sí, os quiero” de Dios a la humanidad, de Jesucristo a su Iglesia.

“Sí, quiero”, y la felicidad del hombre se hizo, para siempre. Hoy domingo de la alegría, caminamos hacia la Navidad, preparando nuestro “sí, quiero”, ante el portal de Belén.